La música contra el olvido

Una reseña de 'Desmemoriados: Historias de la música cubana' de Rosa Marquetti.

2016/11/22

 

POR JUAN CARLOS GARAY

 

El 2 de marzo de 1956, el cantante Nat King Cole se presentó por primera vez en La Habana. Vestido de impecable esmoquin blanco, cantó acompañado por la orquesta del Cabaret Tropicana. Eso sí, cantó en inglés: a pesar de que dos años antes había manifestado interés por los ritmos afrocubanos cuando grabó el tema Papa Loves Mambo, fue en La Habana donde se prendió la chispa. Cole debía explorar el repertorio latino. De allí nació un disco de larga duración que hasta hace poco estaba en todas las casas: Cole en español.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El estadounidense llegó a los estudios Panart (hoy nacionalizados como Egrem) y grabó María Elena, Acércate más, El bodeguero, Muñequita linda y Quizás quizás. Aunque nunca aparecieron en los créditos, los instrumentistas del corazón de aquella grabación clásica fueron los músicos del Tropicana, con la batuta de Armando Romeu y el piano de Bebo Valdés. ¿Cómo lo sabemos? Gracias a esta investigación exhaustiva y entrañable de la escritora cubana Rosa Marquetti.

 

Marquetti se ha hecho conocida mundialmente gracias al blog Desmemoriados, donde publica los resultados de sus pesquisas musicales. Su metodología es seria y disciplinada: allí donde oye un rumor, corre a corroborarlo buscando la fuente primordial, o se interna en los archivos de la radio y la prensa. Muchas de las historias que trae este libro tienen el anexo de viejos avisos de prensa, reflejo de otros tiempos en que se escribía y se hablaba con una elegancia que ya no existe.

 

Para la segunda visita de Nat King Cole, por ejemplo, la publicidad anunciaba a “la voz más emotiva de Norteamérica” e invitaba de la siguiente manera: “El gran estilista de la canción norteamericana que tantos éxitos cosechó en sus presentaciones del pasado año en Tropicana vuelve al escenario de sus triunfos para hacerle disfrutar de sus más bellas y románticas interpretaciones”.

 

No tardó en salirle competencia al Tropicana. El Club Sans Souci decidió contraatacar invitando a la cantante de jazz Sarah Vaughan, y anunciándola en los diarios de esta emocionante manera: “La voz más exquisita del jazz por primera vez en Cuba. La original estrella del hit parade. Sienta el encanto de Sarah Vaughan. Deléitese con su mágico hechizo”.

 

¿Anuncios comerciales de prensa en Cuba? La publicidad y la isla ya no coexisten. El libro de Marquetti, sin tocar jamás el tema político, puede ser leído también como una mirada nostálgica a un pasado glamoroso. “No todo el mundo podía ir al Tropicana o al Sans Souci, no era un espectáculo popular”, me aclaró hace unos meses cuando vino a Barranquilla a presentar su libro. Para ella, las visitas de músicos de jazz en los años cincuenta son bellas curiosidades que presenta en paralelo con la evolución de grandes músicos de la isla.

 

El pianista Bebo Valdés anunciaba la creación de un nuevo ritmo, el batanga, y lo estrenaba a través de las ondas de Cadena Azul en lo que fue un evento cultural de interés nacional. Otros miraban hacia Nueva York, que gracias al percusionista Chano Pozo se convirtió en “un sueño posible” para los músicos cubanos. De La Habana partió Armando Peraza con 24 años y terminó tocando percusión con Cal Tjader y después con Santana. De La Habana partió La Lupe, que en su patria era básicamente una chica ye-yé, y allá se convirtió en esa tromba de leyenda.

 

Como esas, otra veintena de historias aguarda en las páginas de este libro. No se trata de reescribir la historia de la música cubana, como anotaba algún suspicaz en las redes sociales, sino de rescatar aquellos capítulos que están más borrosos, para no caer en olvidos.

 

 

Tomado de la revista Arcadia

http://www.revistaarcadia.com/periodismo-cultural---revista-arcadia/articulo/historias-de-la-musica-cubana/60731

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